Un cántabro en la escuela de Ulm Daniel Gil Pila nació en Santander el 17 de febrero de 1930. Su temprano interés por las artes plásticas le indujo a estudiar Artes y Oficios en su ciudad natal. Tras esta primera toma de contacto con las artes aplicadas se traslada a Madrid para iniciar la carrera de Bellas Artes, carrera que no llegó a terminar y que abandonó para trasladarse de nuevo a Santarder. De nuevo en su ciudad natal, y junto a su hermano Francisco, comienza a introducirse en los círculos intelectuales, artísticos y literarios, de la epoca. Pero el momento decisivo de la formación de Daniel Gil como diseñador le llega cuando decide, en la década de los años 50, cursar estudios en la Escuela de Ulm. Es allí, de la mano del director de la escuela Otl Aicher, donde entra en contacto con el diseño suizo y el estilo internacional, cuyas características estructurales y eficacia comunicacional influirán de forma decisiva en su obra. La influencia suiza es del todo evidente en la obra de Daniel Gil. Algunas de sus principales características son una constante en sus imágenes. En primer lugar la utilización sistemática de la fotografía de un modo objetivo y la transmisión del mensaje de una forma clara, así como la claridad en las formas para expresar ideas complejas, son una indiscutible herencia de su paso por la Escuela de Ulm. Aunque no podemos hablar de un purismo del estilo suizo en su obra, Daniel Gil españoliza el estilo internacional. Sobre todo en cuanto al tratamiento tipográfico, Gil no se limitó al uso sistemático de la tipografía sin serifa, sino que experimentó con todo tipo de tipografías. También en cuanto a la complejidad conceptual de sus imágenes en forma de poemas objeto, podemos hablar de fuertes influencias del Surrealismo y el movimiento Dada. Su entusiasmo por Magritte ayuda a entender buena parte de su obra. En cualquier caso la complejidad y versatilidad de su obra nos permite decir sin dudar que Daniel Gil fue un gran observador y estudioso de los movimientos artísticos y de vanguardia, y que su obra está plagada de guiños a todas estas tendencias. Probablemente durante su estancia en Alemania, y como respuesta a la preocupación por el ámbito de lo social que reinaba en la Escuela de Ulm, Gil entra a formar parte del Partido Comunista en 1952, y en 1957 viaja de forma clandestina a la Unión Soviética. Fue allí para participar en un festival cultural de extrema izquierda organizado por gente joven. Pero enseguida comenzó a tener dificultades con el PCE, el cual abandona junto a personajes como Javier Pradera, Juan Goytisolo o Seix Barral. La invasión de Checoslovaquia por parte de los soviéticos, así como las purgas de intelectuales como Claudín y Semprún fueron la gota que colmó el vaso del autoritarismo y uniformidad stalinista. Pero ya la actitud crítica y comprometida acompañarían para siempre su visión del mundo. Estas palabras del propio Daniel Gil definen mejor que nada su postura política en este aspecto, “Yo he sido rojo, pero no me siento especialmente orgulloso de ello. Ya ni siquiera lo soy: ahora no soy nada. Lo que sí conservo es una cierta mentalidad de izquierdas que me hace tomar conciencia de lo que me rodea.” Cabe destacar que estas palabras fueron pronunciadas en Junio de 2001, durante los últimos años de su vida. A su regreso de la URSS, de nuevo en España, entra a trabajar como diseñador en la discográfica Hispavox, de la que llegó a ser director artístico. También trabajó para otras discográficas como Ariola o RCA. De su paso por el mundo de las discográficas le quedó una especie de desprecio hacia la música, al menos en cuanto a la música ligera, debido al trato con este tipo de cantantes ligeros, que según el propio Daniel “eran gente de poca cultura y cuando tenían éxito se volvían insoportables”. Pero donde Gil desarrolló su obra más conocida y trascendente como diseñador fue en la Editorial Alianza, y más concretamente en la colección Libro de Bolsillo, todo un icono de la cultura visual de un periodo clave de la reciente historia de España. Gil entró a formar parte del equipo de Alianza en 1966, de la mano de su compañero de partido Javier Pradera. Primero realizando trabajos como freelance, hasta llegar a ocuparse de la dirección artística, llegó a realizar alrededor de 4000 cubiertas de libros durante los veinticinco años que trabajó en la editorial. Primero para la colección Libro de Bolsillo, después vinieron el resto de colecciones de la editorial en cascada, Alianza Universidad; Alianza Tres; Alianza Forma; Alianza Diccionarios; Alianza Música; Alianza América; Alianza Economía y Finanzas, y Alianza Cuatro. Gil rompió con una oscura tradición editorial donde reinaba el convencionalismo e introdujo nuevas formas de comunicación gráfica experimental. Las maniobras de vanguardia y las innovaciones que Gil introdujo en el diseño editorial español marcarían un antes y un después en el diseño gráfico español. La especialización en el mundo del libro fue la vía que le permitió explorar al máximo su potencial artístico y comunicacional. Daniel Gil afrontaba el trabajo de dirección artística en la editorial con una libertad y confianza depositada en él inusuales para la época. En cierta medida el trabajo tenía algo de mecánico, pues el ritmo de trabajo en la editorial era vertiginoso, llegando a realizar hasta veinte cubiertas en un mes. La inspiración para la creación de imágenes era pues innata, respondiendo a reflexiones profundas en torno al libro. En manos de Daniel Gil, los objetos más comunes adquirían un profundidad simbólica y metafórica sin igual. La mayoría de estos objetos Gil los conseguía en sus habituales visitas dominicales a El Rastro Madrileño. Con estos objetos creaba Gil auténticos poemas visuales, poemas objeto, con los que supo conectar con la sensibilidad del publico lector de la España de los años 60. La necesidad de la esperanza, el brillo de la inteligencia y la sonrisa cerebral en aquella época no eran un capricho intelectual, sino una necesidad metafísica. De hecho, se acusa a Daniel Gil de haber conseguido convertir la poesía social en comunicación útil. Un comercial le dijo en cierta ocasión “sus portadas son demasiado cultas. Le respondí que eso para un libro no estaba nada mal.” El taller de trabajo de Daniel Gil en Alianza era una especie de palacio encantado donde se guardaban todos los objetos y cachivaches utilizados en sus cubiertas, muchos cuyo origen era el rastro de Madrid, en el que todo visitante quedaba impresionado. Durante los años en que Daniel Gil impuso su estilo en todas las estanterías de las librerías españolas e hispanoamericanas las imitaciones de sus cubiertas fueron una constante. Este efecto imitador que produjo su particular estilo, entre el plagio y el homenaje, hizo que Gil no cayera en la repetición serial de sus hallazgos plásticos, y le impulsaron a continuar explorando su fuerza creadora. Además de su trabajo editorial en Alianza, durante todos estos años Gil realizó también colaboraciones en otras editoriales como Península, Euros, Helios o Mondadori, y SigloXXI, así como carteles políticos, destacando el primer cartel propagandístico de HB, o de cine, en películas como “Los Días del Pasado” de Mario Camus. Incluso llegó a diseñar créditos para series de televisión como “La Forja de un Rebelde”. Gil abandona definitivamente Alianza Editorial en 1992, dejando tras de sí veinticinco años de trabajo y más de 4000 cubiertas. Tras su paso por Alianza Gil inició otra serie de actividades, entre las que cabría destacar las realizadas entorno al Museo Thyssen-Bornemisza, donde realizó su símbolo gráfico y algunos carteles para exposiciones, pero el progresivo empeoramiento de la enfermedad del Parkinson que Gil sufría le impedía realizar con normalidad su trabajo. En 1984 Gil recibió la Medalla de Oro de Bellas Artes, pero los Premios Nacionales de Diseño no fueron capaces de tener en cuenta la magnitud e influencia de su obra. En Febrero de 2001, por iniciativa de Javier Mariscal, Alberto Corazón y Enric Satué, junto con las firmas de otros 400 diseñadores gráficos, presentaron un manifiesto de apoyo a Gil tras su renuncia a una mención honorífica del Premio Nacional de Diseño que le concedieron. Daniel Gil falleció en Madrid, el 14 de noviembre de 2004. En el año 2006, y gracias al esfuerzo y la mediación de Manuel Estrada, la escuela de Arte Número Diez recibió de la familia de Daniel Gil un legado del diseñador que consta de su biblioteca personal, dossier de presa, fotografías, objetos, collage, cubiertas de libros, carteles y materiales de trabajo.
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